martes, 30 de diciembre de 2014

UN RECORRIDO POR LA MEMORIA, UN CUENTO, UNA HISTORIA, UN MITO

UN RECORRIDO POR LA MEMORIA, UN CUENTO, UNA HISTORIA, UN MITO

LUZ MARINA VEGA C.

Quiero compartir con ustedes, quizás semana a semana, mes a mes, o cuando se pueda, algunos mitos y leyendas de la cultura Kichwa, más concretamente las que me fueron transmitidas oralmente, a lo largo de mi niñez y adolescencia por mi madre y mi padre. Ambos excelentes narradores, recurrían a ellos para prepararnos ante  la vida, para combatir la pereza, enseñarnos las ventajas de hablar con la verdad, levantarse temprano, ayudar en la casa, ser gentiles, etc.

Cuando divago hacia atrás en el tiempo, me veo sentada, junto a mis hermanos y hermanas, alrededor de una tulpa (cocina de leña), sentada en un banco, tomando la sopa caliente, alumbrados apenas por un foco diminuto y parpadeante. Era entonces cuando papá o mamá, nos contaban sobre su niñez, lo duro que fue su vida, que querían lo mejor para nosotros; y sin que podamos precisar el momento exacto en que empezaba el cuento, de pronto nos encontrábamos imaginándonos a la chificha, al Kuichi (arco iris) con capacidad para preñar a doncellas descarriadas, al tío conejo o el tío cóndor, el lenguaje de las velas, el poder de las piedras; nos describían criaturas extraordinarias, mundos paralelos y mágicos, hacíamos rituales a la luz de la luna, nos enseñaron a conocer y respetar lugares sagrados;  y ahora que estoy cerca, cerquísima del medio siglo, quizá porque la nostalgia me impulsa y me da por contar quiero compartir estos recuerdos.

LA CHIFICHA

Criatura temible del mundo Kichwa. Mi madre la mencionaba, para cultivar en mis hermanos y en mí, el don del esfuerzo y el trabajo. Estoy segura que deben existir mil versiones sobre la chificha, yo les contaré sobre ella, tal como recuerdo o creo recordar.

Según la leyenda, la Chificha es una mujer con doble rostro, uno bello y el otro monstruoso, se presenta en forma de una bella mujer,  seductora, que atrae a las personas con mimos y regalos; ante los cuales es imposible resistirse porque son presentes con los que hemos soñado siempre.

La chificha se muestra tan encantadora, tan frágil, tan inofensiva, que ante su invitación de seguirla, creemos que somos los seres más afortunados; y con esa certeza la seguimos a lo más profundo de las montañas, donde ella tiene su morada. Una vez allí, ella rebela su verdadero rostro, una cara deforme, con una boca enorme, con dientes tan diminutos como sierras; de su cabello que jamás ha sido peinado, peor lavado, emana un olor nauseabundo, con el que convierte a su víctima en un ser consciente, pero sin capacidad de defensa, y lentamente, tomándose su tiempo se zampa a su víctima de un solo bocado.


Recuerdo a mi madre decirnos, que no hay nada como el pan bien ganado, que lo fácil solo es un espejismo, que en el mundo en el cual vivimos existirán miles de Chifichas asediándonos, ofreciéndonos hacer realidad nuestros anhelos, pero que seremos capaces de resistir a sus encantos si hacemos del trabajo digno y esforzado la vía para alcanzar nuestros sueños. Sabias palabras las de mi madre. 

viernes, 12 de diciembre de 2014

¿GUERRA? NO GRACIAS


Por: katic Tituaña

“¿Nos ilusionamos con una utopía para darle sentido a nuestra vida o nuestra vida tiene sentido porque adoptamos una utopía?” Roberto Ampuero

Revisando el pasado de Latinoamérica, me pregunto, ¿cuál fue el problema, que nos llevó a que construyéramos una historia colmada de atrocidades?
Por allá, a inicios de los años 1800, se dio paso a la primera dictadura militar de las tantas que ha sufrido  América Latina. En 1813 en Antioquia, ubicada en Colombia, el dictador Juan Corral tomó el poder del Estado antioqueño, iniciando así, aunque sin saberlo,  una serie de cruentos regímenes, liderados por militares, que siguieron los pasos que marcó su camino.

Entonces, escuchando Botas Locas de Sui Generis encuentro la respuesta: “A usar las armas bien nos enseñaron y creo que eso es lo delicado”, y descubro que ahí es donde se encuentra el problema, pues en años pasados, la educación básicamente terminaba a los 16 años de una persona, edad considerada como ideal para entrar a un cuartel militar. Muchos jóvenes fueron obligados a ingresar a estos centros, donde la enseñanza se basaba en usar la violencia para defender a la nación. Por supuesto que hubo quienes denunciaron esta injusticia, ya sea a través de la música, la pintura o la literatura; pero lastimosamente su voz y su arte fueron censuradas durante mucho tiempo, sin dar lugar a la libertad de expresión, del que todo ser humano debe gozar por derecho constitucional.

Largos años de llanto ha vivido nuestra Latinoamérica  y sencillamente como dice la letra de la canción lo ha sido porque: “Es un juego simple el de ser soldado: ellos siempre insultan, yo siempre callado. Las estupideces empiezan temprano. ”. Pues claro, es mucho más fácil disparar que leer un libro, es mucho más sencillo encarcelar que extender las alas hacia la emancipación; pero para ellos, los intolerantes, los locos somos nosotros, que creemos en el pacifismo.

Citando una vez a más a Ampuero, que dice: “Siento que la utopía inspira y orienta a la persona, pero a la vez la engaña y confunde porque en el fondo es inalcanzable”, me es difícil creer que la paz sea una utopía, pero a diario esto se aclara más, puesto que no existe un día en el que leamos en el periódico o veamos en las noticias, una nueva guerra declarada, un país bombardeado o miles de personas agonizando. Y esto, creo que no solo a mí, nos hiere profundamente, porque ¿en qué clase de mundo nos hemos convertido?

Se supone que mientras más inteligentes seamos, mejores cosas podemos lograr, pero no, ahora utilizamos nuestros conocimientos para hacer daño; bien para armar bombas o bien para crear una enfermedad mortal. Me asusta vivir en este entorno y quiero decir como Mafalda: “¡Paren el mundo que me quiero bajar!”, pero luego recuerdo que no, que no todos somos malvados, aún existen personas buenas,  y yo puedo ser una de ellas. Podemos cambiar este planeta que se encuentra “patas arriba”.

Considero que el pasado es una enseñanza, y ya lecciones hemos tenido muchas, por consiguiente me formulo otra pregunta: ¿por qué seguimos callados, dejando que los que se encuentran en el poder abusen de nuestros derechos? Alzar la voz individualmente en estos tiempos es muy difícil, es cierto, pero, ¿por qué no unirnos en pro de un cambio beneficioso para todos? Preferimos estar silenciados mientras nos privan de todo lo que NOSOTROS con mayúsculas,  construimos con esfuerzo, a cambio de buenas carreteras, personalmente creo que eso es cobardía.

Demasiado hemos tenido, empezando por nuestro país, no se diga en todo el continente, como para seguir cruzados de brazos, esperando que el valiente salga a protestar, para recién ahí ver si decidimos unirnos a él. En mi caso no he salido a las calles porque mis padres todavía no me consideran en edad suficiente para hacerlo, pero me indigna saber que existen otras personas que  no lo hacen porque se encuentran cómodos en sus sillones. Pero lo que más me enoja es que, quienes se suponen que están para cuidar al pueblo, se unen al enemigo, para oprimirnos. Entonces, me planteo seriamente lo que Sui Generis dice en su tonada: “Amar a la Patria bien nos exigieron, si ellos son la Patria, yo soy extranjero.” Porque estoy y estamos cansados de tanta opresión; basta de desaparecidos, exiliados, madres de la Plaza de Mayo, encarcelados, hermanos Restrepo, los 10 de Luluncoto, y de Yasuní explotado, la hora ha llegado para hacer el bien.

A pesar de que  el actual y distinguido mandatario nos repite constantemente que no volvamos al pasado, justamente eso estamos haciendo; si prestáramos más atención, nos daríamos cuenta  de que se ha convertido en un Pinochet o en el mismo Febres Cordero que tanto critica, solamente que disfrazado de izquierda. Quienes no me lo crean, la película llamada NO, dirigida por Pablo Larraín, les dará la respuesta, aquella en la que habla de la campaña publicitaria a favor del no, cuando se anunció un plebiscito en Chile, tras diecisiete años de dictadura. Un plebiscito es una consulta en la que los ciudadanos votan a favor o en contra de una propuesta, en este caso para decidir si quieren que el “presidente”, dictador, siga en el poder; este filme les sorprenderá con el parecido a la situación en la que se encuentra actualmente nuestro país, es decir la semejanza entre ambos gobiernos, que a mi parecer son completamente totalitarios.

Volviendo al tema, mencioné la canción “Botas Locas” de Sui Generis porque como dije, a través de su lírica, me dio la respuesta a mi interrogante, debido a que su tema es de denuncia contra las autoridades presentes y pasadas, que bastante daño han causado en la historia. Además me transmite un sentimiento de lucha y protesta pacíficas, pues su mensaje es que las guerras no son la respuesta ante ninguna circunstancia, a más de no servir para nada; finalmente citaré una pequeña parte de su letra, la que más significado tiene para mí: “Si todos juntos tomamos la idea, que la libertad no es una pelea, se cambiarían todos los papeles y estarían vacíos muchos más cuarteles”, que en otras palabras interpretadas por mí persona, la libertad tocaría nuestras puertas.