UN RECORRIDO POR LA MEMORIA, UN CUENTO, UNA HISTORIA, UN MITO
LUZ MARINA VEGA C.
Quiero compartir con ustedes, quizás
semana a semana, mes a mes, o cuando se pueda, algunos mitos y leyendas de la
cultura Kichwa, más concretamente las que me fueron transmitidas oralmente, a
lo largo de mi niñez y adolescencia por mi madre y mi padre. Ambos excelentes
narradores, recurrían a ellos para prepararnos ante la vida, para combatir la pereza, enseñarnos
las ventajas de hablar con la verdad, levantarse temprano, ayudar en la casa,
ser gentiles, etc.
Cuando divago hacia atrás en el
tiempo, me veo sentada, junto a mis hermanos y hermanas, alrededor de una tulpa
(cocina de leña), sentada en un banco, tomando la sopa caliente, alumbrados
apenas por un foco diminuto y parpadeante. Era entonces cuando papá o mamá, nos
contaban sobre su niñez, lo duro que fue su vida, que querían lo mejor para
nosotros; y sin que podamos precisar el momento exacto en que empezaba el
cuento, de pronto nos encontrábamos imaginándonos a la chificha, al Kuichi
(arco iris) con capacidad para preñar a doncellas descarriadas, al tío conejo o
el tío cóndor, el lenguaje de las velas, el poder de las piedras; nos
describían criaturas extraordinarias, mundos paralelos y mágicos, hacíamos
rituales a la luz de la luna, nos enseñaron a conocer y respetar lugares
sagrados; y ahora que estoy cerca,
cerquísima del medio siglo, quizá porque la nostalgia me impulsa y me da por
contar quiero compartir estos recuerdos.
LA CHIFICHA
Criatura temible del mundo
Kichwa. Mi madre la mencionaba, para cultivar en mis hermanos y en mí, el don
del esfuerzo y el trabajo. Estoy segura que deben existir mil versiones sobre
la chificha, yo les contaré sobre ella, tal como recuerdo o creo recordar.
Según la leyenda, la Chificha es
una mujer con doble rostro, uno bello y el otro monstruoso, se presenta en
forma de una bella mujer, seductora, que
atrae a las personas con mimos y regalos; ante los cuales es imposible
resistirse porque son presentes con los que hemos soñado siempre.
La chificha se muestra tan
encantadora, tan frágil, tan inofensiva, que ante su invitación de seguirla,
creemos que somos los seres más afortunados; y con esa certeza la seguimos a lo
más profundo de las montañas, donde ella tiene su morada. Una vez allí, ella
rebela su verdadero rostro, una cara deforme, con una boca enorme, con dientes
tan diminutos como sierras; de su cabello que jamás ha sido peinado, peor
lavado, emana un olor nauseabundo, con el que convierte a su víctima en un ser
consciente, pero sin capacidad de defensa, y lentamente, tomándose su tiempo se
zampa a su víctima de un solo bocado.
Recuerdo a mi madre decirnos, que
no hay nada como el pan bien ganado, que lo fácil solo es un espejismo, que en
el mundo en el cual vivimos existirán miles de Chifichas asediándonos, ofreciéndonos
hacer realidad nuestros anhelos, pero que seremos capaces de resistir a sus
encantos si hacemos del trabajo digno y esforzado la vía para alcanzar nuestros
sueños. Sabias palabras las de mi madre.