Creo en el diálogo, en ese ir y venir de argumentos razonados, en esas evidencias que traspasando la enciclopedia, nos hace replantear y reescribir los programas, proyectos, planes y en mi caso particular mis propias utopías.
Me gustan los procesos participativos, el debate, el aporte, buscar colectivamente la mejor alternativa; más de una vez se han atinado soluciones realmente innovadoras, retadoras, que nos ha desafiado a encontrar las rutas más apropiadas para ponerlas en práctica. Por supuesto que llegar a consensos no es nada fácil, a veces te golpea con fuerza la rudeza del adversario, sin embargo el esfuerzo ……. ¡vale la pena!.
Por eso no entiendo, no comprendo, no justifico, la falta de tolerancia hacia los que piensan distinto, y menos entiendo, comprendo y justifico a los que siendo inteligentes y con recorrido de militancia social, aplaudan y contribuyan a que en el país se consolide el desprecio, la prepotencia.
Hemos pasado de la euforia inicial, del idealismo, de los movimientos sociales, indígenas, ecologistas, de qué "¡ahora sí vamos a participar con nuestra voz, en la construcción de un Ecuador auténtico, pluralista, con libertad, libres de corrupción……!", a una decepción depresiva, y; uno a uno como una mazorca de maíz, se han ido desgranando y alejando del actual régimen, los movimientos y grupos sociales que por discrepar, alzar su voz para protestar, han sido insultados, amenazados con la cárcel o la ruina porque no pueden afrontar el coste económico de un juicio, entonces con desazón han tenido que admitir que el miedo, el miedo a perder la libertad, el miedo a perder el empleo, empieza a ser parte de la cotidianidad de los hogares ecuatorianos.
Siendo éste el clima social en el país, mas de una vez me he preguntado, ¿por qué éste régimen tiene apoyo? y he buscado respuestas en la historia, en esas terribles experiencias por las que atravesó y atravieza la humanidad, y que son necesarias volver a revisarlas, para no olvidarlas.
En esa búsqueda estaba, cuando me reencontré con un brillante historiador, Richard Overy, quien en su libro DICTADORES, nos dice: “Las dictaduras no las edifica ni las dirige un solo hombre, por ilimitado que sea su poder,... las dictaduras florecen gracias a una amplia complicidad, alimentadas ... por el idealismo o el miedo, .... las dictaduras dependen de una base de apoyo, de una forma de retener el apoyo popular, la forma en la que se organiza la represión estatal y se subvierte el sistema jurídico, .... en las dictaduras los colaboradores y parte del pueblo acepta el coste en libertad política, dignidad humana o verdad...... donde se tergiversa la realidad y se maltrata terriblemente al que se opone. ……. Lo peor de todo, es que se sienten genuinamente parte del cambio, parte de la revolución”. ¿Aterrador no?,